miércoles, 19 de agosto de 2009

El Valor de Educar

SAVATER, Fernando. El valor de Educar. Barcelona: Editorial Ariel S.A., 1997. 101 pág.

Este es un libro del filósofo y escritor español Fernando Savater resultado de una serie de reflexiones acerca de la trascendencia y los actores de la educación. A lo largo de algo más de 100 páginas Savater nos expone de manera clara y amena en qué consiste la labor de educar desde un punto de vista ético y filosófico, lejos de las abstracciones reiteradas y conceptos usados sobre esta labor.

A lo largo de seis capítulos comprendidos bajo los títulos: El aprendizaje humano, El contenido de la enseñanza, El eclipse de la familia, La disciplina de la libertad, ¿Hacia una humanidad sin humanidades? y, finalmente, Educar es universalizar, este filósofo español expone magistralmente y de manera cercana cuáles son los factores que influyen directamente sobre dicha labor. Además de esto, su exposición comienza y termina de manera acertada bajo el marco de dos cartas, la primera Carta a la Maestra y la última Carta a la Ministra que cumplen, indiscutiblemente, con la tarea de delinear perfectamente los temas a tratar y con el deber de dejar abierta la discusión acerca de sus propios argumentos.

Desde el principio hasta el final Fernando Savater va ilustrando y argumentando su tesis principal sobre la educación, la cual establece como un hecho social continuo en donde tienen parte varios elementos. No sólo se limita a involucrar al estudiante y el conocimiento, ni tampoco se queda únicamente en hacer una breve claridad acerca entre la instrucción y la enseñanza, sino incluye en la labor de educar a la familia, a la escuela, al país, etc., y con cada uno de ellos las causas y las consecuencias que su presencia trae en el proceso de aprendizaje del ser humano.
De tal manera, Savater plantea el hecho de educar como una labor que debe buscar la humanización del ser humano. No sólo quedarse con el acompañamiento, la mediación y la acumulación de contenidos para con los estudiantes, sino, llegar a una verdadera apropiación de los significados a los que ellos están sometidos. Además, el imprescindible derecho de libertad que todo ser humano debe saber utilizar, o en términos de Savater, aprender a pensar libremente sobre lo que se piensa. En otras palabras, la educación debe apuntar hacia el arte involucrar al ser humano y hacerlo partícipe de todo el universo con sus símbolos, su información, sus actores y sus reflexiones, para que pueda llevar a cabo cabalmente una humanización en todo el sentido de la palabra, es decir, llegar a ser humano desde su propia humanidad.

Por otra parte, el autor afirma que para llegar al fin último de la humanización, el hombre debe saber afrontar cada etapa y contexto diferente al cual se vea enfrentado. Así, por medio de la concientización de la realidad objetiva y a la que cada uno de sus semejantes le ofrece podrá hacer un aprovechamiento de su mundo simbólico. Al mismo tiempo, se cumple la primera parte del objetivo primordial de la educación, la actitud de los sujetos aprendices; de otro lado, para completar el objetivo, por parte de la familia y de la escuela, estos actores, deberán ocuparse de permitir que los estudiantes aprendan a aprender:

“La capacidad de aprender está hecha de muchas preguntas y de algunas respuestas; de búsquedas personales y no de hallazgos institucionalmente decretados; de crítica y puesta en cuestión en lugar de obediencia satisfecha con lo comúnmente establecido. En una palabra, de actividad permanente del alumno y nunca de aceptación pasiva de los conocimientos ya deglutidos por el maestro que éste deposita en la cabeza obsecuente. De modo que, como ya tantas veces se ha dicho, lo importante es enseñar a aprender. “

Savater, entonces, continúa sosteniendo que el proceso de enseñanza no se limita sólo a la adquisición de información e identificación de símbolos, sino a tomar parte crítica en cualquier contexto en el cual se vea inmerso el hombre. A la adquisición y el desarrollo de actividades como las de analizar, discutir, criticar, argumentar y refutar cada una de las diferentes proposiciones que se planteen. De esta manera se estará más cerca de la verdadera humanización del ser humano.

Finalmente, Savater hace énfasis en no encasillar al ser humano en un ideal de hombre bajo los parámetros políticos, morales y éticos consabidos. No caer en la mera exclusión sino “poner al ser humano por encima de sus modismos; valorarlo en su conjunto antes de comenzar a resaltar sus peculiaridades; y sobre todo no excluir a nadie a priori del proceso educativo que lo potencia y desarrolla.” De tal manera que es evidente cómo siguen afectando todos los aspectos sociales en al proceso de educación del ser humano al igual que los estamentos políticos y universales bajo los cuales se encuentra acogido.

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