DELORS, Jacques. LA EDUCACIÓN encierra un tesoro: Informe a la UNESCO de la Comisión Internacional sobre la educación para el siglo XXI. Madrid: Editorial Santillana S.A.-UNESCO, 1996. 156 pág.
Acompañado de una extensa Comisión compuesta por diferentes eruditos y personalidades de distintas áreas a nivel mundial Jacques Delors se pone al frente de una discusión que sin duda ocupa un lugar obligatorio en la Organización de las Naciones Unidas para Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). Durante tres partes se lleva a cabo una amplia exposición de los temas que intervienen dentro del marco de la Educación para el siglo XXI y por ende, de la importancia que hay de la educación en el desarrollo de las sociedades en cada uno de los continentes y los contextos actuales.
Para comenzar con el libro Jacques Delors nos propone un índice bastante explícito – La educación o la utopía necesaria. – en dónde expone los argumentos por los cuales debe considerarse a la educación no meramente como una utopía inalcanzable sino como una realidad que se constituye indispensable para el cambio dentro de la sociedad o la llave para abrir nuevos horizontes hacia una sociedad más equitativa, libre y justa. Durante este índice se exponen los marcos políticos y sociales dentro de los cuales debe asumirse la educación, además, las tensiones que deben superarse entre lo mundial y local, entre lo universal y lo singular, entre tradición y modernidad, largo plazo y corto plazo, competencia e igualdad de oportunidades, el desarrollo de los conocimientos y la asimilación de éstos y finalmente la tensión entre lo espiritual y lo material. Todos estos sin duda presentan un panorama abrupto por donde deben abrirse paso no sólo las políticas educativas sino los actores que en ellas intervienen.
Todo lo anterior sirve entonces para centrar y ubicar el contexto actual desde donde debe mirarse la educación para llevar a cabo las proyecciones necesarias. De tal manera el autor propone una mirada universal al panorama educativo con lo cual se obliga a realizar esfuerzos desde todos los ámbitos sociales, sin dejar de lado la cooperación internacional, las estrategias y las diferentes etapas de la educación.
Después de esta clara introducción, el libro sigue su desarrollo en tres partes: la primera parte bajo el título de Horizontes, se distribuye en diferentes capítulos: el primero, De la comunidad de base a la sociedad mundial, el segundo, De la cohesión social a la participación democrática y el tercero, Del crecimiento económico al desarrollo humano. Como segunda parte, encontramos Principios, los cuales a su vez abarcan dos capítulos más llamados: capítulo cuatro: Los cuatro pilares de la educación y el capítulo cinco: La educación a lo largo de la vida. Y, finalmente, la tercera parte, titulada Orientaciones en donde se encuentran los capítulos seis, siete, ocho y nueve: De la educación básica a la universidad, El personal docente en busca de nuevas perspectivas, El papel del político: tomar decisiones en educación y La cooperación internacional: educar a la aldea planetaria.
De esta manera, el autor comienza en su primera parte por exhibir cuáles son las circunstancias actuales en las que se encuentra el panorama mundial. Por u lado, el análisis de los fenómenos trascendentales que lo afectan como la mundialización, la interdependencia entre las minorías y las potencias, la diversidad de las políticas en educación, la democracia, los sistemas educativos y a su vez, realiza una alerta sobre los verdaderos retos que se están definiendo desde ya hacia el siglo XXI como por ejemplo: el desarrollo humano versus la materialización o el establecimiento de nuevas relaciones entre política de educación y política, de desarrollo con objeto de fortalecer las bases del saber teórico y técnico en los países interesados: incitación a la iniciativa, al trabajo en equipo, a las sinergias realistas en función de los recursos locales, al autoempleo y al espíritu de empresa.
Continuando con el texto, durante la segunda parte y como lo plantea el título seguirá con los principios que se deben tomar para asumir dichos retos que ya están planteados y se maximizan con el correr del tiempo y la agudización de las circunstancias en contexto. Así, durante esta parte, Delors plantea los mecanismos centrales para afrontar el proceso de educación que afectan directa y decididamente en la manera como se construye la sociedad; llegamos así a los cuatro pilares de la educación:
En primer lugar, aprender a conocer, que combina una cultura general suficientemente amplia con la posibilidad de profundizar los conocimientos en un pequeño número de materias, lo que supone además: aprender a aprender para poder aprovechar las posibilidades que ofrece la educación a lo largo de la vida. En segundo lugar, aprender a hacer a fin de adquirir no sólo una calificación profesional sino, más generalmente, una competencia que capacite al individuo para hacer frente a gran número de situaciones y a trabajar en equipo. En tercer lugar, aprender a vivir en sociedad desarrollando la comprensión del otro y la percepción de las formas de interdependencia y finalmente, aprender a ser para que florezca mejor la propia personalidad y se esté en condiciones de obrar con creciente capacidad de autonomía, de juicio y de responsabilidad personal.
Finalmente, en la tercera parte se termina definiendo las orientaciones para que cada una de las herramientas sea efectiva dentro de los contextos y para los retos a los que estamos enfrentados a nivel de educación. Y por causa y efecto, se logre el establecimiento de una sociedad más justa y equitativa en donde cada uno de los actores, la escuela, la universidad, los docentes y la sociedad política cumpla con su labor apropiadamente.
miércoles, 19 de agosto de 2009
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